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1981 Somos del Rumbo

octubre 9, 2012

Bieenvenidos a la Obra Somos del Rumbo Escrita por Luis Sandoval Godoy

La edición de este libro, “Somos del Rumbo”, de Luis Sandoval Godoy, con acuarelas especialmente dibujadas para su ilustración, por Luis  Eduardo González Medina, patrocinada por Banca Promex, S.A. dentro de su programa de difusión de la cultura y de los altos valores de la provincia; realizada en los talleres gráficos Fotolitográficos de Impre-Jal, S.A., en Hospital No. 1265, en Guadalajara, con un tiraje de 3,000 ejemplares, numerados, se terminó el 18 de Diciembre de 1981.

171 páginas mas forros, con 20 capítulos y 21 preciosas acuarelas que estarán siendo expuestas a lo largo de esta obra.

SOMOS DEL RUMBO…

Más para acá o más para allá, lo mismo da. Somos ai de todo eso. Nos criamos en esos montes, o de este lado, donde va el río que en tiempo de aguas se daba unas crecidas que, cállese la boca.

Ora que si hablamos del pueblo, se ha de comprender que todos tienen una cosa que los hace iguales: cuestión de costumbres, una misma historia y un ser igual para todos.

No por eso no puede decir una gente: soy meramente de tal lugar y tengo un cariño mío, que me tiene bien atado a aquel nombre como a mi padre y a mi madre.

Lo que se dice es que uno va creciendo y al tiempo va abarcando otros lugares, se va levantando y se va extendiendo con la misma fuerza y amplitud con que crece un árbol.

Antes qué esperanza que pudiera alguien tener una mira llevada a varias partes. Uno nada y crecía y moría atado a un mismo punto. Era como piedra en pozo; quién lo sacaba de su propio terrón.

Llegaban entonces, pero de muy lejos, aires que pasaban, olores, el color distante de otros rumbos, tan ajenos que uno se quedaba a todo aquello como si nada.

Era el matujo prehendido a una sola tierra, raíces que se apre­taban al mismo pedazo de tierra, la misma humedad, el sabor de un mismo sol. Así vivía contento y así moría.

Pero llegó la necesidad de crecer, de levantarse, de llevar los ojos, la esperanza y el esfuerzo a otros campos. Fue el tiempo en que, con los caminos, fue naciendo y moviéndose en la sangre la sed y el ardor y el deseo de correr mundos.

Descubrió uno entonces que todo era uno mismo. Entonces se dio cuenta que ya no era posible quedarse ante una muralla que lo encerraba siempre en lo mismo.

Cuando se pudo romper el cerco, y le nacieron a uno las fuerzas que empujan al árbol a levantarse bajo su propia vigorosa fronda, y tuvo las ansias que hacen al pájaro salir de su nido, o al adolescente ensayarse en la aventura de conquistar y atrapar el mundo en el cuenco de la mano; entonces todos salimos a buscar caminos.

Los hemos encontrado y sabemos que estos pueblos son nuestros, porque están sellados con el sello de un solo origen, una misma historia, las costumbres semejantes y esa sed igual de hacer grande y próspera esta tierra.

Por eso no pudimos quedarnos entre cuatro paredes, ni sujetarnos a un mismo nombre que nos ataba como un clavo a una misma pared.

Nada podía ser lo mismo. La sangre y el ensueño, la energía y el deseo de llevar por todas partes nuestro impulso creador, nos sacó fuera de nosotros mismos, como el pájaro aquel que sale de su nido para regar su canto en todo el bosque.

O como el muchacho que creció y va por otros caminos llevando la fuerza de su sangre, la energía de su vida, otras ilusiones a otra tierra.

Somos del rumbo y eso basta. En realidad es el mismo rumbo, la misma sed y el mismo empeño en la grandeza de la patria.

Por eso ha dilatado Banca Promex su cobertura original a otros campos, se tiende en amplios horizontes, otros campos y otras tierras que son la misma tierra de México.

Nos extendemos a un panorama más ancho, en una pasión que se hace fiebre y desesperado ardor de crecimiento y de vida, de pro­greso y desarrollo.

Nos basta saber y contentarnos con una certeza: somos del rumbo.

Más acá o más allá, lo mismo da. Lo importante es crecer y dar  frutos,  por México.

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